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Catedral Metropolitana de Santiago, Plaza de Armas

La catedral de Santiago de Chile se comenzó a construir en 1541, aunque no se convirtió en iglesia parroquial sino hasta 1573. El terremoto de 1647 obligó a reconstruirla casi íntegramente, quedando consagrada como templo estable para el culto divino recién en 1670. Luego de esto, múltiples desastres naturales (hasta el siglo XVIII) exigieron su nueva reconstrucción, restauración o traslado, quedando su estampa actual fijada hacia 1780, por obra del arquitecto Joaquín Toesca.

La naturaleza religiosa de todas las catedrales ha exigido que en su construcción se contemple un espacio arquitectónicamente apto para el desarrollo de la música. Este espacio es, usualmente, un sector alto ubicado frente a la nave central del templo, con amplio espacio y equipamiento básico para los músicos, además de la presencia de un órgano, el que muchas veces se ubica en secciones laterales de la iglesia y no frente al altar. El volumen de sonido y el carácter armónico del órgano hacían imprescindible su presencia en las iglesias, al igual que en la iglesia catedral de Santiago. El actual órgano de este templo fue construido por la casa londinense Flight & Son. Arribó al país en 1849 y fue instalado de forma definitiva en 1850.

Debido a la herencia europeo-española de la práctica musical en la iglesia, que comprendía un cuerpo estable de músicos, compositores y otros personajes importantes para su labor, la mayor parte de las veces la actividad musical de la catedral se ejerció por medio de la lectura de partituras o registros notacionales que permitían una lectura siempre idéntica del sonido deseado por el compositor, arreglador o adaptador de las partituras. La religiosidad popular, en cambio, reconocida como una tradición que practica el aprendizaje de sus melodías de forma oral, se manifestaba comúnmente fuera del templo, sin perjuicio de que los fieles pudieran cantarle a sus divinidades dentro, debido a que al interior de éste funcionaba el estilo europeo de celebración de la misa, con el seguimiento estricto de cada parte.

En la catedral se realizaban variadas actividades. Además de ser un lugar de reunión y espacio público fundamental en el orden urbano colonial, en ella se realizaban festividades religiosas, misas, oficios y otras actividades del año litúrgico eclesial. Aunque se sabe que la catedral tuvo actividad desde el siglo XVI, la exigua presencia de documentos durante el siglo XVI hace imposible describir su actividad, de la cual existen registros únicamente desde fines del siglo XVII. En todo este período, es importante destacar la presencia que tuvieron los indios mestizos en el culto, de enormes facilidades para aprender la música e interpretarla de manera fiel, sin dejar en falta ninguno de los aspectos que la estética y práctica musical europea exigía.

Hacia 1736 la catedral contaba ya con un cuerpo estable de músicos y, para 1782, poseía una actividad regular, con músicos asalariados, maestros de ceremonia y un maestro de capilla. Pero no fue sino a fines del siglo XIX cuando la composición de miembros de la capilla musical quedó formalmente configurada, gracias a un reglamento aprobado el año 1889. Este reglamento estableció la lista de integrantes de la capilla, que estaba compuesta por un maestro de capilla, dos sochrantes (miembro aventajado del coro), seis capellanes de coro, dos organistas, cuatro tenores, un barítono, dos bajos, seis niños cantores, hasta cuatro supernumerarios y dos fuelleros (quienes dan al aire al instrumento).

fuente de texto http://www.memoriachilena.cl/
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