[RMSTG0387]
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Iglesia de los Angeles Custodios
Providencia 1900

Esta historia comienza en 1853, cuando el Arzobispo Rafael Valentín Valdivieso compra parte de un enorme terreno que había pertenecido a la sucesión de Agustín Alcalde y que desde tiempos coloniales era llamado la Quinta Alegre o del Alcalde, a la que Benjamín Vicuña Mackenna describe en su momento como un lugar de singular belleza y atractivo. La superficie de la quinta iba desde lo que hoy conocemos como la Plaza Baquedano hasta cerca del tramo más oriental de los tajamares del río Mapocho instalados durante los tiempos de la gobernación de don Ambrosio O’Higgins. Al amplio terreno, el Arzobispado adicionó otro más arriba, hasta el borde de calle Condell, que adquirió a la familia Pedregal, permitiendo contar con la vasta propiedad para trasladar hasta allí el Seminario de Santiago, entre las calles Providencia, Rancagua, Condell y Seminario, esta última así llamada así precisamente por la huella dejada en la toponimia por la casa de formación religiosa.

Los predios adquiridos por el Arzobispado eran inmediatos a la capital chilena y célebres por sus agradables arboledas, haciéndolo lugar de descanso y paseo. Los edificios necesarios para el traslado del Seminario fueron encargados al arquitecto español Manuel Calvo y su ejecución estuvo dirigida por el Rector Joaquín Larraín Gandarillas. Parece que había urgencia por concretar pronto la mudanza, sin embargo, porque ésta tuvo lugar en 1857 cuando había sólo dos cuerpos del mismo terminado, que se ocuparon de inmediato mientras el resto de los trabajos continuaban. Las habitaciones de esta primera etapa siguieron siendo construidas en fases posteriores hasta constituir un sólido edificio de dos pisos, pocos años después. Álvaro Mora Donoso detalla que el recinto fue distribuido en seis patios rodeados de corredores, volviéndose una postal de gran atractivo para los viajeros que llegaban al valle de Santiago por esta ruta o que salían de él por la misma vía.

Según datos proporcionados por Fidel Araneda y también reproducidos por Mora, luego de haber visitado y conocido algunos seminarios europeos, el Rector Larraín hizo construir en el lugar un amplio baño de natación y la primera cancha de fútbol que tuvo Santiago, deporte que en esos años recién comenzaba a perfilarse como actividad reglamentada y regulada en el Viejo Mundo, así que la introducción del balompié en Chile podría estar relacionada en gran medida con estas experiencias pioneras de parte de los religiosos, aunque el dato es bastante ignorado.

Araneda agregaría que se construyó en la propiedad un gran frontón, al fondo, y una amplia y hermosa laguna que después sería rodeada de muchos árboles frondosos. Posteriormente, se hicieron ampliaciones y extensiones del Seminario hasta las calles Condell y Rancagua, al Oriente y al Sur respectivamente.

LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO

Obviamente, al interior del Seminario había también una capilla. Al parecer, ésta contaba con buena cantidad de recursos y materiales para su fábrica: tenía muros revestidos de estantería hecha con maderas finas de alta calidad, por ejemplo. Sin embargo, comenzó a hacerse pequeña para la cantidad de gente y servicios que ofrecía en la institución, pasando a convertirse en la biblioteca, con capacidad suficiente para albergar los 30.000 ejemplares de la colección, entre ellos algunos incunables.

En 1884, Monseñor Mariano Casanova ordenó construir el nuevo templo, de cara hacia el Paseo de los Tajamares que hoy corresponde a la avenida Providencia. Debía ser más amplio y cómodo; y, como vimos que los recursos estaban, también más suntuoso. El diseño y ejecución quedó encargado al prestigioso arquitecto italiano Ignacio Cremonesi, con varios aportes en la ciudad. El maestro había sido traído por la solicitud de la Iglesia de Chile, encargándosele también la restauración de la Catedral de Santiago y los planos de la Universidad Católica de Chile. La obra dejó complacidas a las autoridades eclesiásticas y el arquitecto, así, marchó de vuelta a su patria en 1899, al concluir su trabajo.

El resultado es un elegante templo de estilo románico, de tres naves, dos torres y cúpula central, todo sobre planta con forma de cruz latina. Resaltan los colores cálidos del interior, por el revestimiento de columnas, muros y piso imitando la textura y las vetas del mármol pulido. La decoración es muy detallista, pero destacan las piezas más artísticas, como los vitrales de estilos francés y Münich de enorme atractivo, fundidos en 1898 en la casa alemana Zettler, y las pinturas religiosa de cuidadoso y romántico acabado, hechas por los artistas Cabral en el cielo arqueado de la nave central y en el entorno de la cúpula.

Denominado Seminario Conciliar de los Santos Ángeles Custodios, el nombre del instituto hizo que su templo fuera conocido como Iglesia de los Santos Ángeles Custodios, manteniendo el título hasta ahora. Pasó a albergar también muchos de los objetos y mobiliarios provenientes de la antigua capilla de 1857, como el altar mayor de mármol, ónix y lapislázuli, en cuyo interior se guardaría una reliquia de enorme importancia y valoración para la fe popular: un fragmento de los restos del Santo Niño Mártir Julio Rústico Dulce, que fuera traído desde Roma hasta Santiago. También se incluyó dentro del templo a dos artísticas figuras de los Ángeles Adoradores, tallados en madera dorada a fuego, y dos grandes lámparas de bronce del Santísimo, más otro par donado por el Rector Larraín. De hecho, y aludiendo a su nombre, albergará a una gran cantidad de ángeles en figuritas y pinturas

Empero, a partir del siglo XX, la propiedad comienza a sufrir progresivamente disgregaciones que la van dejando cada vez más pequeña, mientras la ciudad es más y más grande alrededor suyo, en el mismo ritmo de progresión. La mayoría de estas ventas de lotes son para financiar la construcción de un nuevo edificio en Apoquindo.

fuente texto http://urbatorium.blogspot.com/

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foto antigua obtenida desde http://urbatorium.blogspot.com/