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Calle Santa lucia 1940

Es el soberano absoluto de la Terraza Neptuno del Cerro Santa Lucía, que le debe su nombre. Enmarcado en un arco de triunfo con cúpula, corona a su vez la entrada majestuosa de tres niveles que se construyó entre 1897 y 1903 para ornamentar el nuevo acceso al Cerro desde la Alameda. Esta remodelación no fue menor, de hecho fue necesario expropiar y demoler diversas construcciones que impedían su acceso e interrumpían su vista desde la Alameda.

El proyecto de dicha entrada fue iniciado por el arquitecto francés Víctor Villeneuve y continuado por el chileno Benjamín Marambio, y sin duda se enmarca en la transformación del viejo Santiago colonial, en la ciudad afrancesada que soñó Benjamín Vicuña Mackenna cuando fue intendente de la ciudad; mismo sueño que impulsó la increíble transformación del Santa Lucía , que antes no era más que un peñón rocoso con algunos vestigios de las construcciones defensivas españolas de principios del siglo XIX, las que nunca llegaron a usarse como tales, pero que igualmente alimentaban cierta idea del pasado oscuro del antiguo Cerro.

Pero la historia del dios Neptuno de bronce no es tan simple, ya que tuvo diferentes emplazamientos previos que aquí daremos a conocer. De hecho su destino actual es recién su tercer lugar de vida, o más bien el cuarto, si contamos también los años que pasó abandonado en el “Depósito de carretones de la policía urbana donde se hallaba enterrada desde hacía diez años”.[1]

Pero vamos por parte. La escultura puede incluirse dentro de la llamada “escultura industrial”, por realizarse en serie de varias copias a partir del mismo molde. Fue encargada por el estado chileno a Francia, específicamente a la Fundición Val d´Osne que toma como modelo la creada en 1856-7 por el francés Gabriel-Vital Dubray (1813-1892), y que se hizo mundialmente popular durante la Exposición Internacional de Londres en 1862. Su destino inicial fue el bandejón central de la Alameda de las Delicias, siendo instalada en 1859, cuando aún era el principal paseo capitalino y su aspecto distaba mucho del actual.

Por razones poco claras la escultura fue removida de la Alameda y llevada a los depósitos de la policía, permaneciendo varios años en el abandono y en el olvido. Fue desde ahí que Vicuña Mackenna la rescata y en una acto que hoy destacaríamos como “reutilización o reciclaje” decide llevarla al Cerro Santa Lucía, su gran proyecto urbano, que recién remozado, necesitaba de esculturas que habitaran sus rincones y justificaran el recorrido por sus diversos senderos, los que en ocasiones se hacían bastante escarpados y dificultosos.

La escultura fue instalada en la llamada “Gruta de Neptuno” en 1872, por el ingeniero en aguas Víctor Sacleux. La gruta, que alcanzaba 5,30 metros de altura y 3 metros de ancho, se conformó como un arco natural de piedras rugosas, que, creando una especie de hornacina por la que caían hilos de agua, albergó la escultura del dios romano al borde del camino, muy similar a las antiguas grutas de culto religioso.

nuestro Neptuno chileno, más sencillo en su forma y realizado en bronce, sucedió que la naturaleza rústica de la cripta donde estuvo instalado terminó por cubrirlo casi por completo, mimetizándolo con el entorno. La oportunidad de trasladarlo a la nueva entrada monumental construida por Villeneuve en 1900 fue ideal para esta escultura, ya que permitió darle más protagonismo y espacio. Pero aun más importante que eso, es que en su nuevo emplazamiento podemos leer una nueva alianza entre escultura y arquitectura, propia del neoclasicismo, estilo pregnante en la arquitectura de la época. Ambas artes se complementan y se necesitan la una a la otra: la construcción está incompleta sin los relieves en sus frisos o esculturas en sus vanos y, viceversa, la escultura también necesita de un marco arquitectónico que la dignifique y proteja.

Ante esta necesidad, el arquitecto o paisajista diseña una arquitectura especial para la escultura, como es el caso de nuestro dios Neptuno, que se enmarca en un gran arco de triunfo de tres ojos, coronado por una cúpula y balaustradas. Desde su magnífico escenario Neptuno sigue haciendo surgir el agua, pero esta vez en una gran fuente que, vertiendo el agua hacia el centro de Santiago, llena de vida y sonido esta terraza.

fuente: Mariana Milos Montes. Guía patrimonial de Cultura Mapocho. http://mapocho.org/

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