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Puente de Cal y Canto sobre el
Río Mapocho año 1888

Hacia fines de 1700 el río Mapocho se dividía en dos brazos uno que iba por La Cañada, actualmente la Alameda, brazo que no era constante, a diferencia de aquel que iba por el lado norte del cerro Santa Lucía, que algunas veces llegaba a inundar con un metro de agua, los terrenos adyacentes.

La iniciativa para construir el Puente de Cal y Canto surgió de la evidente necesidad de contar con una vía que comunicara la ciudad con su sector norte, “La Chimba”, actualmente Bellavista. Tal función cumplía antiguamente un puente de cal y ladrillo que fue destruido por la crecida del río, acaecida en 1748.

Posteriormente, se contó con un puente de madera, techado, emplazado frente a la Recoleta, llamado “Puente de Palos”. Este último, sin embargo, no permitía el paso de carruajes. Como consecuencia, en 1764 se emprendieron las primeras gestiones para la construcción de un nuevo puente, que planificaron los ingenieros José Birt, Juan Garland y Leandro Badarán. Finalmente, se dio inicio a las faenas el 22 de diciembre de 1772.

El ingeniero militar Juan Garland fue el encargado de determinar la ubicación de la estructura. Posteriormente, señaló: “El sitio donde llega la calle que conduce de la plaza y Cuartel de Dragones al río, la actual calle Puente, me parece el más proporcionado, así por la firmeza de su terreno y menos velocidad de las corrientes, como por la decoración y hermosura de la propia ciudad”.

A su vez, el Corregidor de Santiago Luis Manuel Zañartu de Iriarte fue designado por decreto de agosto de 1765, como Superintendente de las Obras del Río, y desde ese cargo supervigiló toda la construcción con gran celo y cuidado. Él dispuso el empleo en esta obra, de los reos de la cárcel, que debieron trabajar encadenados y bajo el látigo de férreos mayordomos.

Los cimientos y pilastrones del puente fueron de piedra blanca y roja, extraídas de los cerros Blanco y San Cristóbal. En aras de la economía, se decidió levantar los arcos no con piedra, sino con cal y ladrillo. De cal y ladrillo fueron también los puestos comerciales que se construyeron posteriormente sobre el puente, que lo convirtieron en un pintoresco paseo.

El puente constaba de diez pilares, unidos por once arcos de medio punto. De alto, hasta la calzada, tenía 9 metros. Su extensión era de 200 metros de largo, incluidas las rampas de acceso. Si bien, como se mencionó anteriormente, provisionalmente fue entregado el 20 de junio de 1779, su inauguración oficial ocurrió tres años más tarde.

Pero las continuas crecidas del río obligaron a los santiaguinos de fines del siglo XVIII, durante el gobierno de Ambrosio O’Higgins, a idear un sistema para controlar el agua del río Mapocho. Así aparecieron los tajamares, primero de piedra y luego de ladrillo, cal y arena. Sin embargo, esa solución no fue suficiente. Los desbordes del río en el invierno, hizo que el agua varias veces llegara hasta la Plaza de Armas.

Entonces, el Intendente de Santiago Benjamín Vicuña Mackenna, decidió alrededor del 1888, canalizar el Mapocho, gracias a los recursos del salitre, lo que implicó la destrucción del Puente de Cal y Canto, en medio del rechazo de la comunidad. Esa canalización terminó en el actual perfil del Mapocho, ganándole terreno al río, lo que permitió construir el Parque Forestal hacia 1900.

Joaquín Edwards Bello, el gran cronista y retratista insuperable de nuestra idiosincrasia, ponía la demolición del Puente de Cal y Canto, entre las grandes catástrofes de nuestra historia. No dudaba en señalar que, con toda la técnica disponible, no sería posible de reconstruir una obra de tamaña belleza y dignidad.

El Puente de Cal y Canto está considerado como una de las obras de ingeniería más importantes construidas durante la época de la Colonia en Chile.

fuente de texto http://www.icarito.cl/

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foto antigua obtenida desde http://www.portalnet.cl