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Cine Arte Alameda

Primero cine, después librería y ahora, hotel. El Teatro Santa Lucía, construido por el arquitecto Eduardo Valdés Freire, gracias a un encargo de la Caja de Ahorro del Salitre, se inauguró el 2 de mayo de 1937, con la exhibición en Technicolor de la película El jardín de Alá, protagonizada por Marlene Dietrich. En los 60, la sala emplazada en la esquina poniente de Alameda y San Isidro presenció la aparición del Cinerama, una gran pantalla curva. En 1995 se convirtió en librería, la Lápiz López, el “primer supermercado de la oficina”. Y finalmente, en 2003 fue demolido para construir ahí un hotel, el Caesar Business.

Hoy, lo único que queda de este cine son las antiguas butacas, que se pueden comprar en el barrio Italia. “La construcción con afanes comerciales arrasa con todo. Así, se borra la memoria, lo que nos permite tener identidad”, dice el investigador de la Cineteca Nacional, Antonio Machuca.

La misma suerte corrieron otras salas que se repartían por el centro de Santiago, que aunque no se derribaron, se convirtieron en discotecas, centro de eventos, bodegas y templos evangélicos, entre otros.

El Cine Real, por ejemplo, alberga hoy una multitienda que conserva la arquitectura de influencias arábigas y columnas en espiral que tenía. Erigido sobre un sitio eriazo en 1930, donde funcionaban circos, estaba a pasos de la Plaza de Armas (Compañía 1040), al lado de la desaparecida casa colonial, donde se levantó después la tienda Los Gobelinos. Como la sala era de propiedad de la Paramount Pictures, su fachada -hoy intervenida por letreros de una multienda- recordaba el frontis de ese estudio hollywoodense.

El caso que los amantes del cine y el patrimonio lamentan es el del antiguo Teatro Carrera (Alameda 2145), construido en 1927 sobre los jardines delanteros del antiguo Palacio Concha Cazotte, a pasos del actual barrio Concha y Toro. Hoy es un centro de eventos.

Diseñado a imagen y semejanza del Teatro de los Presidentes de Francia, fue encargado por Aurelio Valenzuela Basterrica a los arquitectos Gustavo Monckeberg y José Aracena. “Este lugar ha cobijado negocios de variada índole, desde un cabaret y una bodega comercial, hasta un centro de eventos y discoteca”, cuenta Machuca, quien destaca sus butacas en semicírculo, los palcos laterales y su profusa decoración. “Fue la sala precursora del cine sonoro en Chile. Curiosamente, se inaguró con el filme Te acordarás de mí”, ríe.

Con capacidad para 1.500 espectadores y estilo neoclásico, aún mantiene sus escaleras imperiales y, según Machuca, detrás de la suciedad de las murallas están los mosaicos que decoraron su fachada, obra de Aristodeo Latannzi con la técnica de cristales de colores.

El más grande

La década del 20 marcó la llegada de los denominados “cines palacios”, con enormes conchas acústicas, elegantes foyers y reminiscencias neoclásicas, art déco y barroco, marcando pauta. El más grande de estos espacios fue el Cine Esmeralda, en San Diego 1025, a pasos de Av. Matta. En su sala podían reunirse hasta 2.600 espectadores, mientras que su hall fue empleado como salón de baile.

A su inauguración, el 31 de marzo de 1922, asistió el Presidente Arturo Alessandri y una orquesta amenizó la jornada. Sin embargo, antes de que finalizara esa década, el monumental cine terminó consumido por un incendio. Años más tarde fue reconstruido y aunque sus dimensiones se redujeron, siguió entrando en la historia: el cineasta Silvio Caiozzi contó que una de las personas que incentivó su gusto por las películas fue su abuelo materno, Domingo García, reconocido “cojo” del Esmeralda. En los 90, fue el epicentro de las fiestas Spandex y hoy es una bodega de materiales electrónicos.

La desaparición de estas joyas del siglo pasado llamó la atención del colectivo Bicipaseos Patrimoniales y el 15 de abril hará una ruta para conocer la historia de los mencionados cines y de otros, como San Diego, American Cinema, Normandie, Continental, Novedades y O’Higgins.
fuente texto :http://diario.latercera.com/

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foto obtenida desde http://www.tiempodebalas.cl