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Neruda en su amada casa en
Isla Negra años ’60

Han pasado casi 33 años desde la muerte del premio Nobel de Literatura Pablo Neruda y su legado sigue vigente con reediciones anuales de sus libros en todo el mundo. Sin embargo, hay un lugar en dónde se le puede sentir casi respirar aún: el balneario de Isla Negra.

Solamente basta pasearse por su avenida principal, la carretera que une a todo el Litoral, para ver la imagen del poeta reflejada en posters, murales, mini esculturas, poleras, una cava, calles, etc, etc. Todo huele a Neruda. No es para menos ya que una de sus afamadas casonas es parte de la peregrinación que turistas nacionales y extranjeros realizan a esta pequeña playa.

Isla Negra se ubica entre la zona de Punta de Tralca, afamada por sus roqueríos y retiros espirituales, por el norte y el popular balneario de El Tabo por el sur. Tiene una pequeña playa en que las rocas son parte esencial del paisaje, igual que los antiguos pinos que verdean calles y limitan las casonas costeras de las arenas.

El mar es siempre de grandes olas, de un azul intenso en que dependiendo del día casi se torna negro. Ese océano fue el gran imán que atrapó a Pablo a esta zona litoral. El Pacífico es, en parte, el causante de que cientos de visitantes lleguen a Isla Negra tan sólo por el más afamado de sus históricos moradores.

El Origen de la Residencia
Una larga historia une la vida del vate a esta costa. Cuando vuelve, en uno de sus tantos retornos al país, el año 1937, el poeta buscó un lugar idóneo para escribir su afamado libro “Canto General”.

Neruda le compra el sitio de Isla Negra a un antiguo navegante español que recaló en la zona tras el hundimiento de su buque en Punta Arenas. Era el año ’38 y dentro del lugar se encontraba una casa pequeña de piedra. Fue la vivienda angular de lo que se convertiría en el gran refugio del artista.

Durante la siguiente década el arquitecto Germán Rodríguez Arias proyectó gran parte de las modificaciones bajo la atenta supervisión del poeta. Las instrucciones eran claras: una torre en el acceso, una chimenea y un gran ventanal hacia el mar. Los planos estuvieron listos en 1943 y dos años después las remodelaciones vieron la luz.

No fue todo. En 1965 nuevamente se le hicieron reformas, nuevos arcos, aparte de la casona. Tanto retoque no correspondía solamente a la consabida vanidad de Neruda con sus cosas, también era consecuencia de que esta morada se transformó en el recinto donde el escritos fue más prolífico. El ¿por qué?: ““La costa salvaje de Isla Negra, con el tumultuoso movimiento oceánico, me permitía entregarme con pasión a la empresa de mi nuevo canto”. Palabras de Neruda.

El Mundo Íntimo del Poeta
En 1973, mortalmente enfermo post el golpe de Estado, sale Neftalí Reyes por última vez desde Isla Negra rumbo a un hospital en Santiago. Desde entonces la vieja casa pasó a ser un centro prohibido de la gente que añoraba la presencia del poeta y que simbolizaba tras su muerte un nuevo icono de la izquierda nacional.

Mucho tiempo fue tapiada por fuera y sus maderas llenadas de pequeños graffitis. Con el advenimiento de la democracia la historia de este lugar mutó para siempre. Los restos del poeta fueron sepultados en el patio de la casa y el lugar se transformó en uno de los principales centros de atracción turística para los extranjeros que llegan a chile.

¿Cuál es el imán de Neruda? Su fantástico estilo. La casa no deja de sorprender desde la entrada. Millones de detalles hacen el delirio de fanáticos: mascarones, implementos marineros, fósiles, botellas, barquitos embotellados, pinturas de artistas famosos, y libros, muchos libros. Herencia de su vida vagabunda, bohemia y viajera. Regalos de sus múltiples amistades que visitaban la casa y que aprovechaban festines y bebidas que están dentro de la leyenda.

Asímismo es posible ver el cuarto principal de Neruda con una impecable vista al mar en la que no tenía siquiera que levantarse de la cama para avizorar su amado océano. O su traje de gala con que recibió el Premio Nobel de Literatura. O salir al patio y recibir la brisa salina que tantas veces Pablo sintió y tocar la simbólica campana.

Sin embargo todo este mundo interno creado por el literato no solamente se mantuvo en los márgenes de su residencia. Toda esta pequeña comunidad respira el aire nerudiano, visible en puestos artesanales, negocios, conversaciones, pinturas callejeras, pequeños monumentos o en las palabras de agradecimiento tatuadas en la ahora renovada verja exterior que aún sigue manteniendo frases de agradecimiento al poeta.

¿Se podría hablar de Isla Negra sin la asociación inmediata a Neruda? Tan difícil como separar arenas del mar.

Lo más recomendable finalmente es imbuirse del Pacífico, salir de la casona, descender las calles ondulantes de tierra y llegar directamente a las olas. Cara a cara con la oceánica postal que mezcla grandes palacetes con las pequeñas y bellas casitas de los mariscadores que aún se sustentan de la ancestral técnica del buceo en medio de las corrientes turbulentas.

Como para sentir que Neruda, una vez más, tenía razón y que sus huesos bendicen el resurgimiento de uno de los lugares más bellos del Litoral Central.

Fuente Texto : Jorge López Orozco http://www.chile.com

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foto antigua obtenida de http://www.omni-bus.com/