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Cité de Don José Pastor
Quinta Normal 1915

Uno de los cités más pintorescos y elegantes que pueden encontrarse en Chile, único en su combinación estilística, está en la misma cuadra de Matucana perteneciente a la Quinta Normal, entre el templo del Santuario del Cristo Pobre y los accesos a la estación del metro y los parques. Es uno de los pocos sitios de la manzana que no pertenecen directamente a la planta de la Quinta Normal, a la que penetra por sus patios casi como conviviendo con ella, formando parte de su identidad, allí cerca del empalme de la calle Catedral sobre avenida Matucana.

La fotografía más antigua que se conserva del extraordinario pasaje corresponde a la de Jorge Walton para su “Álbum de Santiago y vistas de Chile”, publicado en Santiago en 1915, sólo un año después de la inauguración del artístico conjunto residencial. Esto permite hacer comparaciones más certeras y precisas sobre los cambios que ha experimentado el condominio en todos estos años, cuando se apronta a celebrar su centenario con cuatro o cinco terremotos a cuestas, el último de ellos el año 2010 y que también desató su furia sobre su atractiva arquitectura.

La dirección exacta del complejo residencial es Matucana 522-536 (aunque en referencias antiguas aparece numerado sólo como el 530 de la calle), con viviendas distribuidas a ambos lados de un patio-pasaje de unos 40 metros de profundidad, con la doble fachada hacia la avenida. Su elegancia contrasta con la de otros modestos cités de Santiago, pero semeja mucho también a ciertos pasajes residenciales de estos mismos vecindarios, como aquellos vecinos al Santuario de Lourdes y, especialmente, los del sector Huérfanos entre Libertad y Matucana, especialmente el de Adriana Cousiño. Éste acoge sólo ocho residencias en su distribución, con bastante espacio y suntuosidad.

La obra perteneció al joven y prematuramente fallecido arquitecto francés Julio Bertrand Vidal, miembro del célebre grupo de Los Diez. Todavía se distingue en la fachada su nombre como rúbrica, además del año 1914, también marcados por el deterioro. El esmero que puso en crear una obra maestra tenía también una motivación íntima: dicen que el propio autor vivió allí mismo algunos años, junto a su familia.

Su diseño es de gran eclecticismo, basado en elementos tomados de varias corrientes y con intención de darle un aspecto medieval a este conjunto de total simetría arquitectónica. Hay, en efecto, rasgos de estilo Tudor y de estética franco-británica, especialmente en el interior, de dos pisos, además de la clara influencia neoclásica. Se advierte cierto tinte renacentista en los balcones y arcos exteriores de los torreones, a tres pisos de altura y cuatro para el observatorio en que se remata cada uno. El portal de la entrada es único en todos los cités y pasajes clásicos existentes en Chile. Inicialmente, había una baja empalizada de madera que separaba el tránsito peatonal frente a el edificio con respecto a la calzada adoquinada y las líneas de los tranvías. La zona de las cornisas e intermedios fue decorada con hermosas guirnaldas de motivos florales, custodiadas por figuras románicas con algo de barroco en su detallismo. Hasta nuestros días se procura mantenerlas de color dorado. Lamentablemente, la gran moldura floral del frontón derecho, está casi totalmente destruida por el último terremoto, pues se desprendió y acabó reducida a polvo sobre la berma.

En sus primeros tiempos, el complejo fue conocido como el Cité de don José Pastor, nombre que le asigna también Walton en su álbum, por haber sido aquél el primer propietario del condominio, impulsor del proyecto arquitectónico. Al fondo existía antes una estatua o busto cuya identidad desconozco, pero este elemento ya no existe allí, encontrándose sólo el pedestal vacío en su lugar. El pasaje se llamó formalmente como Cité Las Palmas, aunque sólo un par de estilizadas palmeras abanico, una grande al frente y otra pequeña al fondo del mismo, rinden tributo al nombre. En las imágenes antiguas no se ven palmas ni árboles de ningún otro tipo, salvo el jardín floral. Actualmente, una tercera palma crece en el jardín central, pero aún es tan pequeña que apenas se distingue entre las demás plantas, ampliamente superada por el tamaño de un enorme cactus del género cereus, con grandes flores blancas.

Luego de años de deterioro y castigos ora por el tiempo y ora por los terremotos, el cité fue restaurado el año 2003, gracias a una gestión en la que participó la Corporación para el Desarrollo de Santiago y la Junta de Andalucía de Cooperación, como lo recuerda una placa de mosaicos al interior del pasaje. Sin embargo, el terremoto de 2010 echó abajo muchos sobrerrelieves y estucos, botando muros completos en las residencias interiores, desnudando vigas de vieja madera y paredes de adobe. Un tramo de pared cayó completo sobre el vecino Santuario del Cristo Pobre, causando grandes destrozos en el templo. Sólo una fracción de estos graves daños ha sido reparada hasta ahora y dos de las ocho casas permanecen inhabitadas, a la espera de ser reparadas.

A pesar de todo, el complejo residencial cuenta con categorías de Edificio de Interés Patrimonial por Municipalidad de Santiago, Inmueble de Conservación Histórica por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo y fue ubicado dentro de la Zona Típica de la Quinta Normal por el Consejo de Monumentos Nacionales. Ha sido, además, atracción de innumerables fotógrafos, guías y manuales de turismo e incluso de cineastas que lo han elegido como locación para rodar cortometrajes, películas o teleseries.

Estas categorías y elogios, más la restauración del 2003 y la construcción del metro Quinta Normal tan cerca de allí, han servido para alejar momentáneamente el fantasma de la demolición sobre el edificio, ya que está ubicado en un sector que había sido considerado para área verde en el plan regulador de Santiago.

Sin embargo, los daños todavía visibles, más la existencia de un interés no formalizado aún de ensanchar en al menos una pista más la calle Matucana (alcanzando justo la fachada de los dos edificios), induce a creer que la seguridad del Cité Las Palmas no está garantizada, algo que podría revertirse en gran medida si llega a ser declarado merecidamente como Monumento Histórico Nacional y con título propio.

fuente texto http://urbatorium.blogspot.com/

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foto antigua obtenida desde Pedro Encina