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Liceo Manuel Barros Borgoño
San Diego

La aurora de la comunidad Borgoñina.

Desde la fundación del liceo en 1902, el establecimiento de la calle San Francisco, se llenó de inquietos espíritus infantiles y juveniles, ya que en ese entonces se formaba, además, a niños de preparatoria. Tras tener clases con destacados profesores como Pedro Aguirre Cerda y Mardoqueo Yáñez, los estudiantes salían de sus aulas alegres y contentos por la jornada cumplida; y la mayor parte de esta incipiente juventud intelectual se dirigía caminando a sus hogares, ubicados en los sectores aledaños. Las añejas calles Santa Rosa, Tarapacá, Copiapó, Serrano, Coquimbo, Diez de Julio y Ñuble, entre otras, conformaban el entorno que cobijaba a la mayoría del incipiente alumnado barrosborgoñino de principios de siglo veinte.

En las décadas del diez y el veinte, la comunidad escolar del liceo estuvo conformada por gran cantidad de estudiantes provenientes de poblaciones que se habían asentado recientemente en el sector sur de Santiago, el de mayor crecimiento demográfico. La mayoría de los estudiantes barrosborgoñinos eran hijos de funcionarios públicos y de esforzadas familias que habían migrado del campo a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida. La minoría, en cambio, estaba formada por inmigrantes extranjeros que escapaban de la Gran Guerra (1914-1918) que, tras su llegada, nutrieron la calidad estudiantil y ayudaron a diversificar aún más el heterogéneo grupo de liceanos.

Desde el punto de vista institucional, en 1927 se cumplieron los 25 años del liceo y un año más tarde, con motivo de tales bodas de plata, los profesores Julio Guerra Miranda, y Ernesto Guzmán, docentes de música y lengua castellana, respectivamente, compusieron el célebre “Caminito Sonoro”, himno que representa el sentir de la comunidad borgoñina desde entonces hasta nuestros días.

El aumento sistemático de la matrícula escolar, que había comenzado a mediados de la década del veinte, provocó que el liceo Manuel Barros Borgoño creciera más de lo estimado, por lo que el local de la calle San Francisco se hizo pequeño. La familia barrosborgoñina necesitó, entonces, de una casa más amplia. Consecuentemente, el 26 de enero de 1929, se dispuso por decreto presidencial el cambio del liceo Manuel Barros Borgoño a su actual localización en calle San Diego Nº 1547, en el edificio de ladrillos que hasta ese entonces albergaba a la Escuela Normal de Preceptoras Nº 3 de Santiago.

El nuevo escenario de la comunidad escolar, ubicado al surponiente del local original, en calle San Diego, permitió, asimismo, la llegada al liceo de la población en edad escolar que vivía al oeste de la carretera Panamericana y el Parque Cousiño (actual Parque O’Higgins). El liceo quedó emplazado a pocas cuadras del matadero de la provincia de Santiago, en las cercanías de las calles Franklin y Biobío, centro neurálgico del conocido Barrio Matadero, caracterizado por la actividad comercial. La inserción dentro este barrio originó la expresión “Universidad del Matadero”, característica del grito de guerra del liceo.

La diversificación del contingente estudiantil

Las décadas del treinta y el cuarenta se caracterizaron por la llegada de nuevos grupos estudiantiles al Manuel Barros Borgoño. Tras el cambio de local, el alumnado barrosborgoñino se diversificó integrando, por una parte a los hijos de militares, avecindados en las cercanías del Parque Cousiño, y por otra, a inmigrantes que huían de la Segunda Guerra Mundial, principalmente judíos y europeos orientales. Respecto de este segundo grupo, es importante destacar que la población de inmigrantes abarcaba una amplia gama de nacionalidades. No es difícil entonces, encontrar estudiantes polacos, turcos, rusos e italianos en los libros de clases de estos decenios. En el caso particular de los judíos, la mayoría de ellos se estableció en el Barrio Matadero, pujante área comercial que se presentó como un lugar apto para instalarse. Las nuevas generaciones de hebreos necesitaron, entonces, de un lugar donde estudiar, y el Barros Borgoño, un establecimiento laico y de excelencia se transformó en la opción lógica. Así, apellidos como Friedman, Melnick, Blum, Stein, y otros, se hicieron comunes en las nóminas de estudiantes de finales de los treinta y la totalidad de los años cuarenta.

La excelencia docente fue una cualidad reconocida por todos los estamentos de la comunidad educativa. Asimismo, la población estudiantil de la época se caracterizaba por su confraternidad, por lo que es posible sostener que a partir de entonces se comenzó a afianzar el sentimiento de familia borgoñina, que hasta ese momento, era llamada barrosborgoñina. La integración estudiantil llegó a tal punto que en 1947 se creó el primer Gobierno Estudiantil, equivalente al actual Centro de Estudiantes.

fuente texto Liceo Barros Borgono

 

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foto antigua obtenida de  Liceo Barros Borgono