[RMSTG0112]
0112
Calle Nataniel Cox y cine Continental
Santiago

El 12 de marzo de 1833, el Presidente de la República José Joaquín Pérez firmó el decreto para la creación de la primera Escuela de Medicina del país, estableciéndose una carrera de 6 años de duración. Cox participó del Primer Claustro de la Facultad, junto a otros siete profesores-fundadores, entre los que estaban Blest, Sazié, Morón y Bustillos.

Cox fue, de este modo, precursor y partícipe de la revolución en la medicina nacional, manteniendo su vigencia y su prestigio durante todo el resto de su vida. Fiel al juramento hipocrático, muchas veces tuvo actitudes de verdadero filántropo, apartándose de la tentación monetaria y de la ambición más de lo que el instinto de subsistencia incluso le recomendaría. Trabajó en el Hospital San Juan de Dios hasta 1837 y después reemplazó a su colega el Doctor Blest en la Sociedad Médica, institución que relevó al Protomedicato de Chile. Las autoridades decidieron incorporarlo a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, nombrándolo miembro de su cuerpo académico el 28 de junio de 1843.

En 1845, don Nata fue nombrado ahora Cirujano Militar de Valparaíso. Con tristeza, Santiago vio partir hacia el puerto al afamado médico. Allá se desempeñó en el Hospital San Juan de Dios de Valparaíso, hoy llamado Hospital Van Buren. En 1849 estableció una clínica particular en la Quinta Polanco, llamada Casa de la Sanidad, que dirigió personalmente. El personal de la Armada de Chile se atendía en este centro, por un convenio especial entre la institución y la clínica.

Aunque también hizo gran fortuna en estas actividades, las tendencias a la generosidad incontenible del Doctor Cox le llevaron casi a la ruina, perdiendo la mayor parte de sus riquezas. Pero el 28 de octubre de 1859, el Congreso Nacional decidió retribuir los servicios del médico para esta patria, concediéndole un reconocimiento público y dictando una ley especial que le permitiera jubilarse con sueldo íntegro. Para ello se realizó una gran ceremonia en el Hospital San Juan de Dios de Valparaíso, con los discursos encabezados por el propio Presidente de la República, don Manuel Montt.

En el lugar de la fortuna perdida, Cox dejó para sí y para el pueblo chileno una larga historia de ejercicio ejemplar de su profesión, de patriotismo abnegado a favor de un país distinto al que le viera nacer y, sobre todo, la magnífica calidad humana que le distinguiera. Nunca volvió a residir a Santiago el querido Doctor. En la tranquilidad del puerto y de las brisas del mar del Pacífico, falleció el 6 de febrero de 1863.

Hoy tenemos una calle homenajeándolo, en lo que antes era la continuación de Teatinos al otro lado de “La Cañada”, posterior Alameda de las Delicias. Una larga calle, prolongada como los 50 años de servicio del Doctor a este país que, a veces, castiga a quienes debiese premiar, y en otras congratula a quienes debería castrar.

Según Vicuña Mackenna, la calle de don Nataniel Cox fue abierta en 1864. Al aproximarse un poco más al cambio de siglo, vivía en su esquina con Alameda don Macario Ossa, en una elegante casona que fue heredada después por su hijo Félix Ossa Vicuña. En su obra “Un mundo que se fue”, Eduardo Balmaceda Valdés recuerda que, a la sazón, muchas propietarias famosas venidas desde Francia, también habían establecido sus residencias en esta calle.

Sabemos también que fue ampliada paulatinamente hacia el Sur, a partir de su puesta en uso. Un proyecto de 1912 pretendía la ampliación de la ruta vial que comienza con Teatinos en la Alameda y sigue por Nataniel Cox hacia El Llano y, desde allí, hacia el ex Camino a San Bernardo. La idea era abrir una avenida hasta Placer, donde hoy termina Nataniel, de unos 25 metros de ancho, proyecto que jamás llegó a concretarse. La calle fue importante en la conexión de los sistemas de tranvías de la época, además del hecho que la desaparecida calle corta llamada Santiago, que estaba en su primera cuadra cerca de la Alameda, era punto de partida y llegada para algunas líneas del transporte.

La avenida Nataniel Cox se convirtió en una vía pecaminosa, sin duda. Quizás siempre lo fue, y en todo sentido. En su esquina de esta calle con la de Alonso de Ovalle, por ejemplo, tuvo lugar el siniestro incendio y asesinato de la Legación Alemana, en 1919, un verdadero clásico de la criminología capitalina. Pero también gozó de la intelectualidad: allí en su número 51, donde después se levantara el Cine Continental, tuvo su residencia en Chile (1886-1889) el insigne poeta nicaragüense Rubén Darío. Una placa conmemorativa recuerda allí este hecho.

extracto de texto obtenido de http://urbatorium.blogspot.com/

0112_antiguo_actual
foto antigua obtenida de http://somosblogs.cl/