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Vista del edificio y la juguetería bazar Krauss, hacia 1930.

Fundado por los hermanos Krauss en 1875, el Bazar Alemán llegó a ser la juguetería y tienda comercial más importante de Santiago y quizás de todo Chile, dato confirmado entre otros, por Alfonso Calderón en su “Memorial del Santiago Viejo”. En sus primeros años, se ubicaba en Ahumada con Moneda y ya gozaba entonces de gran popularidad entre los niños. Eduardo Balmaceda Cortés, en “Un mundo que se fue”, cuenta que el bazar tenía ventas de juguetes “a vil precio” y con “magnífica factura alemana”. Al edificarse su nueva casa y trasladarse a Catedral con Puente, en 1910, competía con otras grandes casas jugueteras, como las tiendas Gleisner. Pero el Bazar Alemán parece haber tenido mayor relevancia comercial e importancia que todas las otras. Era el favorito de los peques hacia los años treintas, según las impresiones de visistantes extranjeros como Patrick Barr-Melej, en “Reforming Chile: Cultural, Politics Nationalism, and the Rise of the Middle Class”.

Desde la época en que fueron introducidos los tranvías eléctricos en Chile, los niños iban en masa hasta la tienda, esperando que fueran abiertas sus grandes puertas. En el interior, se encontraban con cuatro pisos llenos de hileras de juguetes de todo tipo y origen, además de otros productos más atractivos para el hogar en general, casi todos importados desde Europa y algunos totalmente novedosos para su época. También tenía en venta artículos para dormitorios de niños y accesorios de mascotería, según comenta Manuel Peña Muñoz en “Chile: Memorial de la Tierra Larga”. El gran panorama de los infantes chilenos de la primera mitad del siglo XX era visitar este lugar, sin duda, esquema de atracción a “sitios entretenidos” que después intentaron imitar otras grandes jugueterías posteriores como “El Castillo del juguete Rochet”, “La Casa Azul” o la famosa “Juguetería Otto Kraus”, que nada tenía que ver con los Krauss del Bazar Alemán.

Pero los años pasaron y los comportamientos del mercado cambiaron. El esquema del viejo y nostálgico bazar se vio superado por tiendas más modernas o por secciones de juguetes de otras casas comerciales. Tras cerrar la juguetería, el edificio comenzó a quedar progresivamente despoblado y sin uso, parcialmente utilizado sólo por algunas firmas que lo arrendaron en sus pisos más bajos. Un enorme proyecto inmobiliario se fraguó en los años setentas sobre esta valiosa esquina de la capital: los arquitectos Echeñique, Boisier y Cruz planificaron una enorme torre con pinta de refrigerador de vidrios espejados, para levantarlo allí como edificio de oficinas sin ninguna clase de coincidencia o armonía con el entorno histórico de todo el barrio. Al parecer, la creativa decisión de los ingenieros para poder encajar este impostor entre dos de los edificios más representativos de la historia capitalina, fue colocándole a la mole espejos que los reflejaran… ¡Notable!

fuente Texto Urbatorium

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foto antigua obtenida desde Urbatorium